Transformando

“Un país independiente no es el que no necesita a nadie, es el que tiene opciones cuando alguien le cierra la puerta.”

Cada septiembre México se llena de banderas, discursos y gritos de “¡Viva México!”, celebramos la Independencia como un hecho consumado hace más de dos siglos, pero en 2026 vale la pena hacer una pregunta incómoda, ¿qué tan independientes somos realmente?

La independencia moderna no significa aislarnos del mundo, ningún país serio puede ni debe hacerlo, significa tener opciones, poder comerciar con muchos, producir lo indispensable, contar con energía suficiente, formar talento propio y tomar decisiones sin que una sola relación externa tenga capacidad de paralizarnos.

México tiene una integración extraordinaria con Estados Unidos, y eso ha sido una fortaleza, pero también concentra riesgos, en los primeros cuatro meses de 2025, 84.17% de nuestras exportaciones no petroleras fueron a ese mercado, de acuerdo con INEGI, al mismo tiempo, las importaciones de gas natural estadounidense equivalieron en 2024 a cerca de tres cuartas partes del consumo mexicano, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

A eso agreguemos otro contraste, en 2025 México recibió 62 mil 472 millones de dólares en remesas, dinero enviado principalmente por mexicanos que tuvieron que encontrar fuera del país oportunidades que muchas veces aquí no existieron.

Nada de eso significa que comerciar, importar energía o recibir remesas sea malo, el problema comienza cuando dependencia sustituye a estrategia, cuando un arancel amenaza fábricas completas, cuando una interrupción energética pone presión sobre la industria o cuando millones de familias necesitan del ingreso generado en otro país para completar lo básico.

Por eso la soberanía no se defiende únicamente desde un micrófono, se construye con competitividad, con energía confiable, infraestructura, educación, seguridad, Estado de derecho, inversión y empresas capaces de competir más allá de una sola frontera.

Nos gusta hablar de soberanía cuando alguien desde fuera cuestiona a México, pero deberíamos hablar de ella también cuando una empresa decide no invertir por inseguridad, cuando el talento se va por falta de oportunidades o cuando producir aquí resulta más caro y complicado que importar.

Un país independiente no es el que presume no necesitar a nadie, es el que puede elegir con quién relacionarse sin quedar atrapado por no tener alternativas.

El 16 de septiembre volveremos a gritar “¡Viva México!”, y hay mucho que celebrar, pero quizá el mejor homenaje a quienes lucharon por la Independencia sea preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para que las próximas generaciones reciban un país con más opciones, más capacidad de decisión y menos vulnerabilidades.

Porque después de 216 años, la independencia no debería ser solamente una fecha, debería ser una capacidad.

“… El regreso a clases no debería medirse sólo por cuántos alumnos volvieron al salón, sino por cuántas escuelas tienen agua, baños, seguridad y maestros suficientes, lo básico también educa”.

Es tiempo de los ciudadanos… ¡¡¡¡Independientes y Soberanos!!!!

El autor es empresario, analista y expresidente de la Canacintra.